No pienses en el mañana, piensa en el día después

No pienses en el mañana, piensa en el día después

La capacidad de anticipación siempre es estratégica, pero en medio de una crisis se vuelve vital. Objetivo: sobrevivir, pero no solo mañana, también en los escenarios postcovid de medio y largo plazo.

Contradictoria mente humana, es capaz de imaginarlo todo pero es casi incapaz de adivinar el futuro. Y a eso, al futuro, es adonde se proyectan todas las preguntas del millón.

¿El covid replegará la globalización con un repunte en la industrialización de Europa? ¿Cómo lidiarán economías como la española, la italiana o la francesa con deudas muy por encima del 100% del PIB? ¿Aprovechará la ocasión el populismo para colar medidas contrarias a la libertad de mercado? ¿Cómo se comportará mi sector, y mi empresa dentro del sector? ¿Qué oportunidades pueden compensar la crisis?

No pienses en el mañana, piensa en el día después

Si la capacidad empresarial de anticipación siempre ha sido estratégica, y más aún en la cuarta revolución industrial con su cambio acelerado, la convulsión económica que vivimos y viviremos la han convertido en un elemento crítico. Es célebre el consejo de Steve Jobs sobre entender al cliente y al mercado lo suficiente para saber, no qué quieren hoy, sino qué necesitarán -o desearán- mañana para empezar a diseñarlo hoy.

No pienses en el mañana, piensa en el día después

No es sencillo. La primera reacción de muchas empresas en situación de asedio es el modo supervivencia, intentar salvar los muebles y actuar basadas en dos capacidades de emergencia: la intuición y la experiencia acumulada en los momentos difíciles. No se trata de descartarlas, siempre son útiles, pero en un entorno tan resbaladizo como el actual hay que pensar en los entornos siguientes. Cómo evolucionará el mercado en una secuencia de causa y efecto partiendo del presente, pero superando el presentismo, es decir, reaccionar solo a los hechos consumados en vez de la planificación de cara a los previsibles hechos futuros.

Algunos teóricos hablan de Excelencia, Innovación y Anticipación como cualidades empresariales clave. Otros, para los entornos de crisis, priorizan sin embargo la triple A de Anticipación, Adaptación, Acción, más conectada con lo que sucede en un entorno de cambio estructural e incertidumbre paralizante.

No existe la bola de cristal, y si existe no funciona. Ninguna organización pudo ver en ella hace solo cuatro meses cómo estaríamos hoy. Pero ya había sesudos estudios predictivos que anticipan punto por punto el escenario futuro que hoy es presente. Esa misma lección puede aplicarse al ámbito de la empresa.

Las herramientas están inventadas, por ejemplo el futuring o la ciencia prospectiva con enfoque adaptativo, que genera escenarios -desde los óptimos a los endiablados pasando por los más realistas basados en variables y tendencias- con mapas de riesgos y oportunidades para orientar las decisiones. Incluyen modelos de medición intermedios que permiten reajustar la estrategia cuando se desvía de esos objetivos.

La crisis financiera del 2008 tuvo su propia lógica, en parte será aplicable a la actual y en parte no. Pero también existe una diferencia fundamental en cuanto a los recursos tecnológicos hoy disponibles como el análisis big data o la inteligencia artificial aplicados a los modelos predictivos. La tecnología misma puede implantarse con sentido de anticipación, como los simuladores para entrenar a ejecutivos en la toma de decisiones en situaciones excepcionales. Como esta.

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